
Paracetamol y autismo: la Sociedad Argentina de Pediatría explicó qué dice la evidencia científica
Emitió un documento en el que afirmó que no existen pruebas que asocien el analgésico o la vacuna triple viral con el desarrollo de esa condición. Precisó también qué puede causarla y cómo se trata.
La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) emitió este jueves un documento en el que desmiente la relación directa entre el consumo de paracetamol durante el embarazo y el desarrollo de Trastorno del Espectro Autista (TEA). La aclaración surge luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, generara polémica al sugerir esa vinculación en un anuncio oficial junto a su secretario de Salud, Robert Kennedy Jr.
El informe, elaborado por el Comité de Crecimiento y Desarrollo de la SAP, precisa que el TEA “designa a un grupo de personas con desafíos en la comunicación e interacción social, y un patrón de intereses o comportamientos repetitivos”. Además, advierte que la variabilidad de síntomas depende del nivel de lenguaje y de las capacidades cognitivas, lo que justifica su definición como “espectro”. Según estimaciones, unos 78 millones de personas en el mundo viven con esta condición.
Los pediatras argentinos reconocen que se registra un aumento en la prevalencia de diagnósticos, pero atribuyen este fenómeno principalmente a cambios en los criterios diagnósticos, mayor conocimiento social y avances en la detección. También señalan influencias ambientales, aunque remarcan que “hay evidencia suficiente para argumentar que la vacuna triple viral y el mercurio de las inmunizaciones no son causa de TEA”.
Respecto al paracetamol, el informe aclara que algunos estudios mostraron asociaciones leves entre su consumo en el embarazo y el autismo, pero esas vinculaciones se desvanecen al aplicar metodologías más rigurosas que ajustan factores genéticos y de salud materna. En ese sentido, la SAP sostiene que “no hay evidencia sólida que vincule al paracetamol con la génesis de autismo y éste sigue siendo un medicamento seguro en el embarazo”, en línea con las recomendaciones de la OMS y la Unión Europea.
El documento también resalta la importancia de las intervenciones tempranas, interdisciplinarias y orientadas tanto al niño como a la familia. Entre ellas, menciona terapias conductuales, de lenguaje, ocupacionales y apoyo educativo. En cuanto a los fármacos, señala que no resultan útiles para tratar los síntomas centrales del TEA, aunque algunos como la risperidona o el aripiprazol pueden ayudar frente a conductas severas. Asimismo, recuerda la evidencia sólida sobre la suplementación con ácido fólico durante la gestación como medida preventiva.
Finalmente, la SAP advirtió sobre la necesidad de “ser prudentes cuando se informan resultados de investigaciones clínicas” y de basar las recomendaciones a la población en la mejor evidencia científica disponible, en clara alusión a las afirmaciones del mandatario estadounidense.