
LA VIOLENCIA POLITICA.
Se viven tiempos de violencia verbal y física que no pueden pasar desapercibidos. De un lado y del otro lado de esta bendita grieta que tiene encapsulado al pueblo argentino desde hace más de 20 años.
Por Esteban Di Carlo
En Argentina lo normal llama la atención; y lo anormal está a la orden del día.
Días atrás apareció un video entre los dos candidatos principales a las elecciones del año 95 donde Carlos Menem y Octavio Bordón, entre risas chicaneaban sobre quien iba a ser el futuro presidente.
Todo se desarrollaba en un clima de cordialidad, entre dos candidatos no enemigos.
Mucho más atrás en la historia, en el funeral de Juan Domingo Perón, el líder radical Ricardo Balbín despedía a su contrincante en un discurso de los más recordado políticamente con palabras como "Este viejo adversario despide a un amigo".
Algo sucedió en estos últimos veinte años.
Los Kirchner instalaron la grieta.
Mitad del país a favor, mitad del país en contra, en el medio un abismo.
Pero el mismo camino parece haber tomado Javier Milei.
La violencia política de los 70 comenzó con el secuestro, tortura y asesinato de Pedro Eugenio Aramburu por un grupo de asesinos que se autodenominaban Montoneros.
La violencia fue escalando, y se llevó la vida de jueces, empresarios, políticos, militares, sindicalistas.
Llevó al país a un total estado de confusión, donde grupos paramilitares creados por el entonces presidente Perón, a través de López Rega y la Triple A, persiguió a los militantes de izquierda.
Grupos terroristas, como ERP, Montoneros o FARC colocaban bombas en diferentes puntos del país, sin importar la vida del prójimo, secuestraban empresarios, los canjeaban por millonarios botines, se animaban a tomar Regimientos, torturaban y mataban.
Ello condujo a que un gobierno constitucional a través del Congreso sancionara una ley para "neutralizar y/o aniquilar" la actividad subversiva.
Después vinieron los gobiernos militares, y esta historia ya es conocida por todos.
Ello ocurrió en los 70.
Estamos lejos de la década de plomo, pero hay algunos actos de violencia que no deberían empezar a germinar.
Luego de la detención de Cristina Fernández por el delito de administración fraudulenta, grupos violentos irrumpieron en el canal de televisión TN, hicieron destrozos, rompieron vidrios, y dejaron pintadas.
En segundo término, otro grupo de violentos encapuchados, pasearon por todo el Conurbano, desde Quilmes hasta San Isidro, para tirar bosta de caballo sobre la vereda de la casa de Espert, dejar panfletos, y pasacalles alusivos.
Otro grupo de violentas (todas mujeres), rodearon en pleno Congreso al mismo diputado, para increparlo, provocarlo, buscando su reacción al grito de "Cagón, cagón, vas a la justicia, cagón..."
Son tres episodios en algo más de una semana, con un denominador común, todos los que participaron, o por lo menos organizaron son funcionarios públicos.
Pablo "Tato" Giles, actual asesor de la senadora nacional María Celeste Giménez Navarro.
José Lepere, quien se desempeña como director de Relaciones con el Poder Ejecutivo en la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires.
Matías Federici, funcionario del Ministerio de Justicia bonaerense funciones en el área de Estadística Penitenciaria.
Alberto Enrique Alejandro Grasso Rivaldi, que es empleado en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial que depende del Ministerio de Economía.
Eva Mieri, concejala de Quilmes, continúa detenida y fue trasladada al penal de Ezeiza.
Alexia Abaigar, funcionaria del Ministerio de Mujeres bonaerense.
Florencia Carignano, diputada Frente para la Victoria, La Cámpora.
Roxana Monzón, quien también es la esposa del ex intendente de Merlo, Gustavo Menendez, y de La Cámpora.
Lorena Pokoik, diputada Unión por la Patria, y de La Cámpora.
Paula Penacca, diputada Unión por la Patria.
Pero la violencia no es privativa de un único grupo político, también la violencia verbal proviene de la principal investidura del país.
Javier Milei tildó a Axel Kicillof de "enano comunista", "pichón de Stalin”. "burro eunuco", "último zar de la miseria, monarca diminuto que está escondido en su Kremlin".
Al progresismo de "Zurdos hijos de putas".
Agravió indistintamente a Lula, Gustavo Petro, el Papa Francisco, a periodistas, y a referentes políticos locales, aun cercanos a su espacio como López Murphy a quien tildó "de traidor y delincuente".
La violencia verbal es una forma de abuso que se manifiesta a través del lenguaje, con el objetivo de dañar emocionalmente a otra persona.
Esta violencia puede incluir insultos, humillaciones, descalificaciones, palabras ofensivas, etiquetas peyorativas, y menosprecio hacia la persona.
Son comentarios destinados a avergonzar o ridiculizar a la persona frente a otros.
En resumen, la violencia en cualquiera de sus formas.
La violencia desde ambos costados de la grieta.
La violencia que menoscaba la política argentina, y la transforma en algo chabacano, grosero, vulgar, burdo.
La violencia política en todos sus ámbitos, en todos sus poderes, en todas las redes, dirigida más a los acólitos y seguidores, que al imparcial y racional.
Como un encantador de serpientes, que busca hipnotizar, atraer u obtener el reconocimiento de sus adoradores más que aportar algo positivo para el país.