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LA BATALLA CULTURAL

Cambios de una era. Prácticas que supuestamente las vendían como “inclusivas” no están más en la agenda del Estado y de los vecinos.

LA BATALLA CULTURAL

Cambios de una era. Prácticas que supuestamente las vendían como “inclusivas” no están más en la agenda del Estado y de los vecinos.

Por Esteban Di Carlo

Antes de asumir, Javier Milei se refería al problema argentino, no como algo político o económico, sino como algo moral.

La instauración del sistema gramsciano que señalaba que para implementar el socialismo ya no hacía falta el uso de la fuerza, ni las revoluciones, sino que se hacía introduciéndose desde la educación, de la cultura y desde los medios de comunicación.

De manera entonces que mas allá de la lucha económica, el intento de estabilización, la baja de la inflación, no menos importante ha sido desarmar este sistema social que gobernó Argentina los últimos veinte años.

En diciembre de 2023 comenzó entonces la denominada "batalla cultural".

Durante veinte años los argentinos nos vimos sometidos a una imposición, que comenzó de manera tenue y que se fue intensificando con el tiempo.

Esta imposición comenzaba con los giros idiomáticos.

El uso del “todos y todas”, “argentinos y argentinas” de Cristina Fernández, dio paso al “todos, todas, todes” de Alberto Fernández, hasta llegar al extremo de la utilización de la “e”, la “x”, o el signo arroba, al finalizar cada una de las palabras.

Y así aparecían textos ilegibles, o de dificultosa interpretación.

Era la batalla cultural que se imponía desde un sector, la verdadera lucha, de carácter ideológico, que se desarrollaba en el ámbito de la cultura a través de la utilización de los símbolos para influir en la opinión pública y en la política.

Ni bien asumió, el nuevo gobierno cerró el Inadi, y prohibió el llamado lenguaje inclusivo, y cualquier referencia a la perspectiva de género en los documentos oficiales.

"No se va poder usar la letra e, la arroba, la x y evitar la innecesaria inclusión del femenino en todos los documentos de la administración pública", manifestó Adorni en una de sus primeras conferencias.

Hoy se toma con humor cuando algún sector se refiere a “nosotres les argentines”.

No solo a través del lenguaje o la literatura se daba esta batalla, también en el arte, el cine, los medios de comunicación y la educación.

En el arte, a través de subsidios para la imposición de determinada temática, la recreación recurrente de series o películas con la misma materia; en la educación con la implementación de nuevos sistemas de educación sexual, o planes de estudios; y con el relato único ante determinados hechos sociales e históricos; y a nivel institucional con la implementación de un Ministerio de la Mujer, por suerte ya eliminado.

En efecto, la idea de esa antinomia hombre – mujer, fogoneada dentro de dicho ministerio, atentó con la idea de igualdad que tiene que haber en ambos géneros.

¿Quiénes pueden estar en contra de la igualdad entre seres humanos?

Que hombre y mujer tengan las mismas posibilidades, que se paguen similares sueldos, que trabajen los mismos horarios, que se desempeñen en idénticas profesiones, que reciban igualdad de trato.

Ahora, que la lucha por estos valores signifique crear un Ministerio, con un presupuesto de mas de 77 mil millones de pesos durante el año 2023 era dilapidar dinero que podría haber sido utilizado en otro tipo de necesidades que padece la gente.

La batalla cultural consiste en la defensa de los valores existentes o la resistencia hacia dicha imposición.

Del mismo modo en que se quisieron implementar giros lingüísticos, se quiso condenar la meritocracia.

El principal argumento a favor de la meritocracia es que proporciona eficiencia a través del mérito individual para la distribución de premios y castigos, evitando que esas distinciones se basen en el sexo, raza, religión, riqueza y/o posición social.

Desde chicos en la educación intrafamiliar a los hijos se les trata de inculcar el trabajo, el sacrificio, el esfuerzo en pos de la búsqueda de los objetivos, y la repetición de intentos ante el fracaso.

Toda esa visión en la vida había quedado afuera, casi defenestrado por el anterior sistema, con la única mirada de que todos corríamos la carrera de la vida, pero saliendo de diferentes lugares.

Ello es verdad, pero nada quita que alguien que haya salido desde más atrás, porque no fue beneficiado desde la cuna, pueda terminar en base a sus méritos mucho más delante de quien tuvo todo a su alcance y no lo aprovechó.

Organizaciones políticas, intelectuales, movimientos sociales e individuos participaron activamente en esta batalla cultural, a través de debates públicos, campañas de comunicación, creación de obras artísticas, o difusión de esas ideas a través de medios o por la educación.

Próceres y grandes presidentes de antaño eran denostados.

Domingo Faustino Sarmiento, fue expuesto en el programa Paka Paka como un hombre huraño, insociable, de mal caracter, en oposición a la figura de Facundo Quiroga a quien se quería mostrar como un caudillo autóctono, defensor de la tradición nacional.

Lo mismo ocurrió con Julio Argentino Roca, dos veces presidente de la nación, uno de los más ilustrados de la época y fundador de la Argentina moderna, que logró entre otras cosas que la patagonia fuese argentina.

Muchos lo acusan de la matanza de indios para lograr dicho propósito, pocos saben, que durante la Conquista del Desierto el presidente era Nicolas Avellaneda, y que fue dicha epopeya la que lo catapultó al año siguiente a la presidencia.

Pocos también saben, que uno de sus referentes e ídolos de ese sector, cincuenta años antes, Juan Manuel de Rosas también había llevado una campaña hacia al sur, con resultados esporádicos, porque una vez que el Ejército se retiró de la campaña, los indios volvieron a ocupar el mismo territorio.

Es evidente entonces que esta mirada sesgada de la historia, de la sociedad, de la cultura, del lenguaje ha llegado a su fin.

Ahora hay un cambio de paradigma.

Cambio que se produce desde la economía, con una intervención casi nula del estado en contraposición a las regulaciones existentes; y también en lo social.

"Donde hay una necesidad hay un derecho"; lema del peronismo que no indicaba que el dinero para satisfacer las necesidades, de algún lado tenía que salir.

Ya no hay un relato único; no hay subsidios para la producción de películas que nadie mira, y el lenguaje vuelve a tomar la forma normal aceptada por la Real Academia Española.

El hombre y la mujer, vuelven a ser iguales, sin ministerios, ni presupuestos, ni gastos inentendibles.

Se acabó la "pauta oficial", el dinero que ponían los gobiernos en los medios, para formar opiniones, publicitar los actos, minimizar los aspectos negativos.

En esto consiste, la batalla cultural.

Esta es la contienda que se está llevando adelante, a pesar de la resistencia.

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