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ARDE LA INTERNA

El gobernador se afirma en la Provincia y muestra su estructura para competirle a Cristina y Máximo. En Olavarría, Liliana Schwindt se convirtió en la voz de Kicillof.

ARDE LA INTERNA

El gobernador se afirma en la Provincia y muestra su estructura para competirle a Cristina y Máximo. En Olavarría, Liliana Schwindt se convirtió en la voz de Kicillof.

Por Esteban Di Carlo

En el año 2023, el Kirchnerismo sufrió una dura derrota, producto del desastroso gobierno de Alberto Fernández, y dos años más tarde, volvió a sufrir otra dolorosa paliza en las elecciones de medio término.

Si tomamos en análisis las últimas seis elecciones, solo ganó la del 2019.

Un partido acostumbrado a ganar, y gobernar, que se siente incómodo siendo oposición.

Tal es la incomodidad, que realizan todo tipo de actos destituyentes y vociferan sin prejuicios que desean que al gobierno de turno le vaya mal.

Son adictos al poder, y necesitan ser gobierno.

Bajo esta perspectiva, el partido justicialista fue "secuestrado" por el kirchnerismo, y desde el año 2003 lo maneja desde el bastión bonaerense.

Los barones del conurbano y los miembros de la Cámpora son los dueños del partido.

La vieja concepción del "entrismo" de los años setenta hecha realidad treinta años después.

El entrismo era una teoría aplicada por el grupo montoneros que entendía que para llegar al gobierno e incorporar las ideas comunistas, no alcanzaba con armar un partido propio, sino por el contrario, internarse dentro de las filas del partido más popular, para desde allí una vez tomado el mando, llegar al gobierno.

En su momento no dio resultados, porque las ideas contrastaban con las del líder militar que manejaba el partido.

Tal es así, que Juan Domingo Perón los expulsó de la Plaza de Mayo.

Sin embargo, treinta años después, terminada la década de plomo, y por medios pacíficos, casi sin querer, a través de Néstor Carlos Kirchner, un peronismo muy cercano a la izquierda, llegaba al poder, y cooptaba la estructura del partido popular.

Ahora bien, después de más de veinte años, y con cinco derrotas en las últimas seis elecciones, parte de los miembros del partido están dispuestos a cuestionar el poder del heredero.

Axel Kicillof versus Maximo Kirchner, la batalla por el control del partido Justicialista en la Provincia de Buenos Aires, que se extiende hacia todo el país.

El gobernador harto de que lo fagociten, que le cuestionen el presupuesto, que le designen funcionarios, y que le armen las listas eleccionarias, está dispuesto a discutir el liderazgo.

Junto a un grupo de peronistas que cuestionan el poder "a dedo", armaron su propia propuesta, que cuestiona el liderazgo hereditario, y la sola portación de apellido.

Difícilmente en la historia de un país un hijo haya superado al padre.

Ricardito Alfonsín, que nunca salió de su diminutivo ni sombra le pudo hacer a Raúl.

Juan Pablo Cafiero menos a Antonio.

Julio Argentino Pascual Roca (vicepresidente de Agustín P. Justo) tampoco a Julio

Argentino.

Solo Roque Sáenz Peña, que alcanzó la máxima función política dieciocho años después que su padre Luis, y solo porque en su momento su progenitor fue elegido con el firme propósito de obstaculizar la carrera del joven Roque a la presidencia.

Las crónicas de la época hablan que en el año 1892, Roque se tuvo que bajar al enterarse que tenía que competir precisamente contra su padre.

Y si la historia no acompañó en su momento.

Menos Ahora.

Máximo Kirchner presidente del PJ bonaerense llegó a ese lugar solo por portación de apellido, no se conoce ningún otro tipo de méritos, la conducción y el liderazgo no se heredan, se nace con ello. Y Máximo no lo tiene.

Máximo y la Cámpora luchando internamente por mantener el poder en la provincia, y sus privilegios, en unos comicios que se celebrarán el próximo 15 de marzo.

Se discute el poder, quien lidera y quien no.

La presencia de Axel Kicillof en la otra lista, no significa un cambio profundo, solo de figuritas.

El gobernador estuvo siempre bajo el ala de la Ex presidente Cristina Fernández, y bajo la creencia popular es parte del fracaso del kirchnerismo, de manera tal, que cambiar los dirigentes no significará un cambio de ideología y menos de propuestas, que es lo que en definitiva necesita el partido peronista.

Con el apoyo de intendentes como Fernando Espinosa, de La Matanza, Julio Alak de La Plata, Jorge Ferraresi de Avellaneda, entre otros, y de diputados como Hugo Yasky, Daniel Gollán, Victoria Tolosa Paz y Santiago Cafiero, el ex ministro de Economía y actual gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, se presenta con un nuevo partido político de tinte peronista denominado Movimiento Derecho al Futuro para disputarle el liderazgo a Cristina Fernández de Kirchner y a su hijo.

En su momento la primera voz que se alzó vino del interior, desde La Rioja Ricardo Quintela expuso que "Es momento de escuchar, de comprender las razones de nuestra derrota a nivel nacional, de recuperar la agenda de las mayorías, defendiendo los derechos de todos. Es hora de empezar a reinventar nuestro proyecto histórico, de un pueblo con igualdad, de un pueblo que pueda aspirar a ser feliz. Es momento de actualizar nuestras ideas con una perspectiva de futuro, sin temor al debate interno".

Pasó históricamente dentro de las filas del Partido Justicialista, facción que pierde, facción que empieza la retirada.

Le pasó al menemismo, y parecía que el kirchnerismo, y por ende la Cámpora iba a salir indemne de esta situación.

Pero la situación cambió.

Cristina Fernández cumpliendo condena por corrupción, ha perdido el liderazgo, se ha ido diluyendo, a pesar de intentar mantener un perfil alto desde las redes sociales.

Ahora bien, ¿son cambios profundos dentro del partido, o cambios de nombres?

Porque a poco que se analizan los integrantes de esta nueva corriente vemos que está conformada por la misma casta política que fue gobierno durante el kirchnerismo.

Los únicos que han quedado afuera son los camporistas.

El intendente de Olavarría, Maximiliano Wesner, estará ante una disyuntiva; la necesidad de recibir dinero limpio de la Provincia, o seguir los lineamientos del camporismo que lo catapultó en el poder.

Entre el dinero y la lealtad.

El matrimonio Valicenti es parte de la Cámpora, y el gobierno de Wesner está teñido de un manto camporista; sin embargo, surge una nueva corriente dispuesto a discutir el liderazgo interno, con apoyo incondicional hacia el gobernador, comandado por la ex diputada Liliana Schwindt.

Es evidente que se está dando en el partido una interna kirchnerista, más que una interna peronista.

Hasta se puede decir, que es entre porteños y bonaerenses mezclados unos y otros dentro del camporismo y del kicillofismo.

Con la misma gente, con las mismas ideas, con los mismos proyectos que fracasaron durante los último veinte años, el cambio que llega al partido Justicialista, más que cambio, parece que nada va a cambiar hacia el futuro.

Solo se cambiaría el líder.

Lejos está de ser una fuerza modernizadora, no parece ser una corriente que irrumpe con nuevas ideas y propuestas que es lo que necesita el partido.

Como todo movimiento mayoritario necesita armar una estructura sólida, creíble y renovada con figuras diferentes que le permita ser competitivo a nivel país y tener aspiraciones de recuperar el gobierno nacional en el 2027.

Para el proyecto de país, se necesita demostrar que el proyecto es exitoso en una provincia, o en una ciudad.

Hoy Axel Kicillof nada tiene para ofrecerle al argentino.

La gestión en la Provincia de Buenos Aires es muy pobre.

Por más que en el documento de presentación se diga que: " el gobierno de la Provincia de Buenos Aires, bajo la conducción de Axel Kicillof, se ha convertido en el escudo y la red que luchan por proteger los derechos de los bonaerenses ante un Estado desertor.... ", solo en materia de seguridad no se vislumbra que se esté defendiendo derechos algunos de los bonaerenses.

La situación resulta insostenible.

No se trata precisamente del mejor modelo para instrumentar en el país.

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